sábado, 6 de noviembre de 2010

Otro Mundo

Tanto que contar, y tan poco tiempo para escribir... ¿Por dónde empezar? Hoy es 7 de Noviembre, y es la primera vez desde que llegué a Nueva Delhi que he encontrado un momento para sentarme a escribir.


El día uno de Octubre salí a las nueve y algo de la mañana desde Barajas; para aterrizar a eso de la una de la madrugada en Nueva Delhi. Tras una escala en Zurich de escasos 20 minutos y más de media docena Bombai Saphire habíamos llegado a Delhi con algo aprendido, en los vuelos internacionales las copas las paga la casa. Suficiente tiempo para empezar a conocer un poco a los cuatro tipos que serán mis futuros compañeros de trabajo y aventura. La nueva hornada de Becarios IC3X acababa de aterrizar en la capital india.

Desde que en Julio supe acerca del que sería mi destino, me había preguntado mil y una veces cómo sería esto. Mil y una veces que no anduve ni remotamente cerca, ya que para saber cómo es esto, hay que venir a verlo, vivirlo y entender que no lo vas a entender. Pero situémonos en la llegada, la "pulcritud" de un aeropuerto horteramente indio, el calor que pegajoso, las moquetas rojas, y los policías armados hasta los dientes. Bienvenido a Delhi, bienvenido a India, Namaste, ... En el exterior, un par de cientos de indios agolpados a unas cuerdas con carteles con nombres de lo más variopinto. Y al abrirse las puertas y franquear la salida, una amable cachetada de calor húmedo que te hace pensar en volver al fresco aire acondicionado del avión. Un bofetón de pequeños insectos que no paran de darte la bienvenida curioseando en los orificios de tu nariz u oídos.

Esperamos una media hora hasta que dos de nuestras futuras compañeras, las becarias de cámaras, se presentan con los que serán mis vecinos y los de otro chico más. Presentaciones hechas, y ya estamos en el taxi, una peculiar y diminuta furgoneta, que no pasa la ITV ni la aprobación de muchos desguaces para su recogida en Europa; pero aquí, en India, hace su función de manera eficaz. Cada 20 segundos el conductor presiona el claxon, no tardo en preguntar por qué, y se me da mi primera clase de conducción en India, caótico pero sencillo, tres reglas.

  1. Tú sólo te preocupas de tu centro de gravedad hacia delante. Lo que venga por detrás ya te avisará.

  2. Si te acercas a otro vehículo debes hacérselo saber pitando.

  3. La preferencia es directamente proporcional al tamaño y peso de tu vehículo.


¿Para qué un código de circulación?


Tras llegar a casa, o a la que va a ser mi casa, no llevo ni dos horas en India, pero por mi cabeza han pasado los sentimientos de odiar el país y gustarme una docena de veces; no queda más remedio que apechugar ya no hay vuelta atrás... ¡Vámonos de fiesta!


Me despierto sobre un colchón con relleno de paja prensada, es tremendamente duro e increíblemente cómodo. En algún momento de la noche apagué el ventilador harto de su ruido y estoy sudando. Desde la ventana se oyen voces, pitas, ajetreo de una ciudad despierta y viva. Distingo el canto de una Mezquita ¿Qué hora será? Recapitulemos, anoche estuve en una fiesta, en casa de un empresario Indio, con muchos españoles. Me sorprendió no acabar de ver la ciudad por ninguna parte. Nueva Delhi no es una ciudad, o al menos no como lo entendemos en occidente. Es como supongo que fue La Isleta en Gran Canaria hace 40 años.


Nueva Delhi es una calle de caserones con un hombre sentado en una silla de plástico vigilando cada puerta. Por cada hombre hay un par de perros salvajes merodeando. Miles de insectos revoloteando. Por la noche se ven murciélagos del tamaño de una gaviota. Al final de la calle hay un Slum (Arrabal de chabolas) y al otro un mercadillo, que no es más que un espacio de puertas de metal que se abren hacia arriba para dar acceso a ventas, ferreterías, barberos, joyerías, e incluso carniceros los cuales cortan la carne usando los pies para sujetar el cuchillo. En la calle carros en los que se vende fruta, verdura, huevos, ropa, etc. Y por todos lados suciedad, polvo, envoltorios, olores tanto desagradables como agradables. Nueva Delhi es eso multiplicado por un millón, y salpicado por templos y ruinas de 50 culturas y religiones diferentes; y finalmente aderezado con algunos parques. Todo esto creció alrededor de un centro de ciudad que combina una parte de sobria arquitectura británica, con un zoco puramente árabe y algún que otro edificio más moderno. Sí eso es Nueva Delhi, la urbe de 15 millones de almas que se extiende hasta absorber Noida y Gurgaon, dos ciudades que han crecido y forman parte de esta ingente ciudad que comparto con 22 millones de seres humanos.

No es que en una noche haya sacado esa conclusión, pero recuerdo que mi pregunta al levantarme fue esa. ¿Dónde estará la ciudad?


Me incorporo y voy al baño, todo me da asco. La india es un país sucio, y te acostumbras a vivir bajo otros estándares; pero pienso en mis antecesores en este piso y lo encuentro curioso, teniendo en cuenta que hay alguien que limpia por ti cada día, ¿cómo se puede dejar un piso así? Otra vez odio esto. Merodeo por la casa, y no me siento en mi hogar; odio mi situación aquí. Enciendo mi portátil, y los otros tres becarios, quedan para invitar a los que nos recogieron la última noche a un almuerzo. Tras una copiosa comida para ocho pagamos unas 1000 rupias. ¿¡16 euros!? Este país no está tan mal después de todo.


Cinco semanas han trascurrido desde mi llegada. En el trabajo no he tenido un minuto de tiempo libre, la exigencia es alta, el trabajo atrasado mucho y tengo que saber demasiadas cosas... Me gusta, el agobio es síntoma de aprender, y cada día me voy sintiendo más seguro. En casa, bueno poco a poco se va convirtiendo en un hogar y eso es lo importante.


¿De resto? Bueno esto es otro mundo, nunca me había podido permitir este nivel de vida. Compras, viajes, restaurantes y actividades. La gente aquí te sonríe, te habla, y si bien intentan estafarte no ves demasiado robo. No se observa agresividad en la calle, y puedes caminar tranquilo de noche por casi cualquier lado. La India es un país que puedes odiar, o puedes amar; pero que nunca te dejará indiferente. Este es el principio de una gran etapa. Mi nueva etapa en "Otro Mundo".

3 comentarios:

Jordi dijo...

Malditos "Jhediondos"!!!

Sr. López dijo...

En realidad era un poco más largo, pero evité hablar de ellos demasiado... en definitiva me arrepentí y borré toda referencia a loa gediondos.

juanmadd dijo...

Me alegro de que hayas encontrado estos cinco minutos para sentarte y merodear, resumir y estas semanas. Abrazos desde estos vientos escoceses